jueves, 21 de mayo de 2009

Resultados de la fertilización oceánica con hierro

Desde hace décadas existe un gran interés en remover el dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera para almacenarlo en donde no pueda contribuir al calentamiento global. Esta práctica es conocida como “secuestro de carbono” y uno de los métodos que ha recibido más atención es la “fertilización oceánica”, que consiste en estimular el crecimiento del fitoplacton marino (microalgas).


Un equipo de científicos indios y europeos (Victor Smetacek de l'Alfred Wegener Institute for Polar and Marine Research y Syed Wajih Naqvi, del National Institute of Oceanography realizaron el experimento bautizado como Lohafex (“loha” significa “hierro” en lengua hindi y FEX por “Fertilization Experiment”) a bordo del Polarstern, uno de los buques oceanográficos más avanzados del mundo.


Este experimento consistía en lanzar, sobre un remolino oceánico, 20 toneladas de sulfato de hierro disuelto en una área de 300 kilómetros cuadrados entre Argentina y la Península Antártida, con el fin de estimular el crecimiento del fitoplacton. La fertilización duró unas 30 horas y después, durante unos 40 días, se analizaron las consecuencias a diferentes profundidades.



El Ministerio de Investigación y Ciencia alemán detenía las pruebas antes de empezar debido a la presión recibida por parte de las organizaciones ecologistas. A finales de enero se autorizó de nuevo el experimento.El objetivo de Lohafex es atrapar el CO2 de la atmósfera mediante una multiplicación de la producción de las microalgas y así observar el crecimiento y disminución de los organismos.



El fitoplacton realiza la fotosíntesis y uno de sus efectos es que remueve el CO2 de la atmósfera. El carbono pasa a formar parte de estas microalgas, y eventualmente, una parte terminará hundiéndose y depositándose en el fondo del mar, ya sea como fitoplancton muerto (manera directa) o a través de la materia fecal o los tejidos de zooplancton muerto (manera indirecta).


Con este experimento se esperaba poder contener el calentamiento global pero los resultados obtenidos han sido muy pobres. El vertido de hierro estimuló el crecimiento de fitoplacton y por lo tanto, hubo un aumento en la captación de CO2. Sin embargo, atrajo también a diminutos crustáceos (copépodos y anfípodos, ambos pertenecientes al zooplacton) que se comieron casi todo el exceso producido.



Por lo tanto, no se ha demostrado ningún efecto en los niveles de CO2 capturados y se pudo observar que la tranferencia de CO2 hacia el fondo del mar fue mucho menor que en experimentos anteriores. La razón, ha explicado Victor Smetacek, es que “las algas más comunes en esta área no son resistentes a los crustáceos”.Las más afortunadas han sido las ballenas, ya que la multiplicación del fitoplacton ha favorecido el aumento del krill, su principal alimento.


Mónica Lozano, voluntaria del CRAM


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